Hoy cierro esta iniciativa que comenzó el treinta de octubre y que se prolongó hasta hoy, mucho más allá de la fecha prevista, debido a que seguían llegando colaboraciones.
Pero en algún momento hay que terminar y ahora es un momento tan bueno como otro cualquiera.
Es posible que más adelante surjan nuevas iniciativas para participar con relatos, reseñas, noticias relacionadas con la literatura, etc.
Sin embargo, os invito a todos los que escribís, leéis o reseñáis a enviarnos una nota con el enlace a la página donde se ha publicado vuestro relato, donde publicitáis vuestra novela o donde escribís vuestras reseñas para que demos cuenta de ello en el Blog de Ebude.
También podéis enviarnos vuestras novedades: publicación de vuestra novela, salida a la venta en una librería digital, etc.
En fin, que este Blog de Ebude se pone a vuestra disposición para hacerse eco de vuestras novedades.
Y por último, no puedo dar por finalizada esta iniciativa sin dar las gracias a todos los que tan generosamente habéis colaborado en la misma. Evidentemente, ellos son los que la han hecho posible al dotarla de contenido.
Muchas gracias.
*********
Con “Con un trozo de tiza y un cuchillo” inicio una idea a la que llevo dando vueltas desde hace unos meses: dar cabida a aquellos que queráis enviar vuestras colaboraciones.
En esta ocasión la propuesta es que enviéis un microrrelato por correo electrónico con las siguientes características:
a) extensión no superior a 500 palabras. Creo que es una extensión razonable para un micro, pero que nadie deje de enviarlo ni se vea obligado a mutilarlo si excede ese tamaño, por favor, tenemos espacio.
b) debe contener las palabras “tiza” y “cuchillo”
c) la dirección de envío: blog@ebude.es
d) el correo debe configurarse de la siguiente manera:
Asunto: Con un trozo de tiza y un cuchillo
Cuerpo del mensaje: iniciarlo con el título del microrrelato y a continuación el texto del mismo. La última línea debe ser el nombre que debe figurar como autor.
Según vaya recibiendo los micros los iré poniendo a continuación de esto y procuraré responder al correo del que lo he recibido informando cuando lo haya hecho.
Sólo me queda animaros a escribir y a que difundáis esta iniciativa entre aquellos que creáis que pueden estar interesados en colaborar.
A continuación los microrrelatos por orden de recepción.
La tiza de Samuel Zimmermann
Samuel Zimmermann aún no se había convertido en un espectro, como el resto de sus compañeros de barracón. Ni el hambre, ni el maltrato, ni el uniforme a rayas ni la estrella de David cosida en el pecho le habían doblegado del todo. Su cuerpo era un armazón de huesos sin fuerzas. Su alma, en cambio, aún conservaba las ganas de vivir.
Un día, Samuel se coló en una de las cocinas del campo. Buscaba un cuchillo o cualquier otra cosa que sirviera para intentar una fuga o cavar un túnel. Fue inútil. Cualquier cosa que pudiera servir como arma estaba bien custodiada por los soldados. Pero entonces descubrió algo en el suelo.
Era un trocito de tiza de un blanco casi fosforescente, que resaltaba en el gris neutro del campo de exterminio como una mosca en una vichyssoise. Cuando pesaba treinta y dos kilos más y su sonrisa no le hacía parecer una calavera, Samuel había sido dibujante en Berlín. Y qué mejor regalo para un dibujante que una tiza en unas circunstancias como aquellas. Y había algo mejor: la tiza olía a magia.
Samuel la ocultó durante meses como si fuera un tesoro, hasta que llegó el día del que hablaban todos los rumores: un oficial les ordenó formar fuera para una ducha inesperada. Samuel ocultó la tiza entre sus dedos raquíticos. El batallón de muertos vivientes desfiló con paso arrastrado hasta el barracón asignado. Algunos murmuraban, agoreros; otros, simplemente, caminaban sin hablar.
Les ordenaron desnudarse a todos, hombres y mujeres juntos. Samuel pudo escamotear la tiza mágica y entró en la ducha con los demás. Allí dentro descubrieron el olor a exterminio. Una mujer joven fue la primera en romper a llorar, como un animal que presiente la muerte. La puerta se cerró y ellos se quedaron solos, contemplando el techo lleno de falsos respiraderos. Entonces, Samuel les habló:
—¡Oídme, dejad de llorar! —exclamó—. ¡Tengo algo con lo que podremos escapar! Mirad…
Todos le miraron como quien mira a un loco. Samuel dibujó una puerta en la pared más cercana. Los trazos blancos pronto adquirieron una fuerza impresionante. Hubo una exclamación de asombro cuando Samuel, como un mago en mitad de su espectáculo, abrió la puerta, para descubrir que ésta daba a un extenso prado verde, que olía a hierba y a brisa fresca.
—Y ahora, miraos —dijo Samuel.
Ya no eran una horda de fantasmas. De repente habían recuperado el peso que tenían antes de cruzar las puertas de Dachau. Las mujeres lucían peinados hermosos, sombreros elegantes y vestidos de gala. Los hombres, cabellos y mostachos cuidados, trajes bien planchados y zapatos lustrosos. Samuel fue el primero en atravesar la puerta mágica, y los demás le siguieron, corriendo y riendo. Era increíble. Después de todo lo que habían pasado, eran libres. Sin dejar de correr, dejaron el barracón atrás y se perdieron por las colinas. Nunca habían sido tan felices como ese día.
Cuando los soldados entraron en la cámara de gas, descubrieron que todos los muertos, hombres y mujeres, tenían una sonrisa en los labios. Uno de ellos, junto a la pared, había pintado un rectángulo blanco con tiza.
Su sonrisa no era exactamente de alegría. Era de libertad.
© A.M. Caliani
****
Chuso Tiza y Guille Cuchillo.
Chuso hizo una casa de tiza.
Guille el pillo la rayó con el cuchillo.
El encerado marcado quedó.
La profesora no compra pizarras.
Pensándolo en frío, desapareció.
Sólo quedaron aquí tiza y cuchillo:
el Chuso imagina, el Guille mordió.
Víctor Pintado
****
Desconsolado
Cogió la tiza y perfiló el cadáver en el suelo, después la puso entre los dedos del muerto y la dejó apoyada en la raya que acababa de trazar. Hizo que la mano derecha de la víctima sujetara el cuchillo que tenía clavado en el pecho y se alejó unos pasos para observar la escena.
Hizo varias fotografías antes de meter el cadáver en una bolsa de plástico y limpiarlo todo concienzudamente. Cuando terminó no quedaba rastro de lo que allí había ocurrido. Como las otras veces, desde el ordenador del muerto envió las fotografías a la dirección de una comisaría de policía tras lo cual abandonó la casa llevando el cadáver en la parte de atrás de la furgoneta para arrojarlo a la balsa de lodos de la mina abandona donde se reuniría con sus siete antecesores.
Se sentía invulnerable: la policía no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo, mantenían silencio sobre las fotografías que habían recibido de los siete asesinatos; las siete con idéntico ritual: la tiza, el cuchillo, la fotos… Pero ya no podrían ocultarlo por más tiempo. Esta tarde los periódicos más importantes del país recibirían un sobre con las fotografías y los nombres de los muertos. La policía iba a tener unos días muy movidos. También él se vería sometido a mucha presión: la tercera víctima era su esposa y tendría que volver a interpretar el papel de marido desconsolado.
Ebude
****
Vuelta al cole
Chema y Migue se estaban partiendo de risa. Media docena de colillas de porros y los cascos de otras tantas litronas, regados por el suelo, tenían la culpa. Así no había manera de ponerse serio y concentrarse. ¿No habían ido al antiguo colegio de las madres dominicas a grabar psicofonías? Así lo único que sacarían de la cinta sería sus bufidos ahogados intentando contener las carcajadas.
-Ni el tío más friki del mundo nos va a comprar esto, Chema.
Lo único que hemos grabado que no es de este mundo es el pedo que te acabas de tirar. Estamos haciendo el tonto.
- Pues sí—dijo Chema eructando. – Pero estos pringados luego lo filtran y seguro que de mi pedo sale un niño muerto llamando a su madre.
De nuevo volvieron a carcajearse tapándose la boca con las manos, aunque ya ni siquiera tuvieran la grabadora puesta.
-Y además se nos han acabado las cervezas. Vámonos antes de que nos pillen dentro y tengamos que explicar qué hacíamos aquí. No me apetece ni gota. —dijo Chema.
Migue contempló el pequeño desastre que habían organizado a su alrededor de cascos vacíos y colillas.
-Deberíamos recoger un poco todo esto.
-Anda ya, hombre, mira a tu alrededor, ni que fuera a notarse medio pico más de mierda.
Ciertamente el abandono de décadas había hecho estragos.
Difícilmente se podría reconocer la habitación en la que estaban como un aula,
salvo por un pupitre de madera maltrecho y el encerado polvoriento. El resto
parecía exactamente lo que era: un sitio de primera para hacer botellón los
viernes.
-¿Chema? ¿Has oído eso?—dijo Migue poniéndose serio de repente.
-No he oído nada, pringado. —respondió Chema, poniéndose la
mochila al hombro—No me hagas ahora la bromita de que oyes un fantasma.
Pero Migue tenía razón: se oía un chirrido taladrante que los dos conocían bien, pues lo habían compartido todo desde los cinco años. De hecho, lo primero que habían compartido eran las clases de Sor Nicolasa, esa malnacida que para espabilar a los alumnos despistados restregaba la tiza contra el encerado hasta arrancarle ese rechinar tan desagradable que provocaba el murmullo irritado de toda la clase. Eso era lo que se oía, y no podía ser otra cosa: era inconfundible.
-¿Lo estás grabando, man? ¡Es la hostia!
- Vámonos, Chema, esto no me gusta.
-No seas gallina, joder, será alguna tubería. Les va a encantar a los frikis—
-Chema, es una tiza en un encerado. Aquí no había nadie cuando llegamos, miramos bien por todas partes y no estábamos colocados. Y si alguien ha entrado no creo que haya sido para ponerse a dar clase.
-Joder. Pues vete, cacho gallina. Yo voy a grabarlo.
Migue salió corriendo y a partir de ese momento, en la cinta se oye lo siguiente: la puerta al abrirse, un grito de Migue, otro grito de Chema y un nervioso “quién eres, quién eres, ¡joder!, ¡suelta el cuchillo!” Después un golpe seco parece indicar que la grabadora se cae al suelo y nada más, estática. Al filtrar
la grabación se puede oír con aceptable calidad: “Soy Sor Nicolasa, ¿no te
acuerdas de mí, Chemita?” Sor Nicolasa, la monja loca que había dejado la docencia regular por el cuidado de niños expósitos enfermos, y había degollado a todos los aquejados de males incurables.
Chema tenía razón. A los frikis les encantó.
GusapirA
****
La bufanda
Todas las tardes sigo el mismo patrón. Bajo al parque cada día, buscando un
banco a la sombra. Es verano y hace calor, estaría mal de la cabeza si me
pusiera al sol. El ritual comienza cuando abro la bolsa y saco mis agujas
de hacer calceta. El año pasado fue un precioso jersey de cuello cisne,
este año será una bufanda.
Mientras voy tejiendo concienzudamente, observo lo que sucede a mi
alrededor. Varias mamás se sientan en un banco cercano y hablan de sus
bebés mientras éstos echan su siestecita vespertina. Charlan de temas tan
vitales para la humanidad como “hay que ver lo bien que ha comido Pablito
hoy” o “me preocupa Sara, últimamente sus deposiciones son muy oscuras”.
Están un rato y se van a dar el paseo de rigor para que a los niños les dé
el aire. A las madres tampoco les viene mal.
Continúo mi labor hasta que llega un grupo de niñas de unos ocho años, que
desde hace quince días bajan a diario a jugar al parque. Dejo el punto
nuevamente en la bolsa y me dedico a observarlas. La morena que siempre
lleva el pelo recogido en una coleta se llama Paloma. Es la que más
desparpajo tiene y por cómo actúa, se puede decir que es la líder de la
pandilla. La tímida pecosa se llama Ruth. El cuarteto lo cierran las
hermanas Esther y Alejandra, que no se ponen de acuerdo ni entre ellas, así
que como para hacer caso a lo que diga Paloma.
Todos los días se dirigen al mismo lugar y observan con perplejidad el
suelo. Se miran entre ellas, se encogen de hombros y Paloma saca un trozo
de tiza del bolsillo. Mientras las demás se retiran a un lado, dibuja en el
cemento una rayuela.
Ése es mi momento preferido, por eso todas las noches bajo un cubo con agua
y un cepillo para borrar la rayuela y así poder disfrutarlo día tras día.
Ajenas a mi presencia, como si fuera parte del mobiliario urbano al que ya
están acostumbradas, van lanzando una tras otra su piedra y saltando sobre
las casillas. ¡Parecen tan felices! Las envidio.
Hace días que no veo a las hermanas. Dirijo a Ruth la más tierna de mis
sonrisas y le pregunto por ellas, pero es Paloma la que me contesta: han
ido de vacaciones al pueblo. Ellas dos siguen jugando todas las tardes,
pero algo va mal. Paloma pierde la paciencia constantemente con Ruth, que
en honor a la verdad, es bastante patosa. Y pasó lo que tenía que pasar,
Ruth acusó a Paloma de hacer trampas y se pelearon, hasta tal punto que
Paloma se fue enfadada arrojando su piedra contra el suelo, dejando a Ruth
allí plantada llorando desconsoladamente. Para cabreo el que me cogí yo,
pensando que me iba a ver privada de mi actividad favorita. Pero Ruth
continuó bajando a jugar ella sola. Nunca había visto una carita tan feliz.
Desde mi banco la veo, disfrutando como solo puede hacerlo un niño al que
las preocupaciones le quedan demasiado lejos. ¡Cómo la envidio! He
terminado la bufanda, así que la saco de mi bolsa junto con un cuchillo.
Mientras me acerco a ella con mi regalo de despedida, no puedo dejar de
pensar lo hermosa que estará yaciendo sobre la rayuela con la bufanda
puesta.
Blacky Mdn
****
Ese extraño destiempo en la mirada
Ella, la retraída que nunca desea ir a ningún lado, la que a pesar de sus
17 años ya tiene enquistada la mala costumbre de conformarse al primer no,
insiste a una amiga para ir juntas a la Jufra. Juventud Franciscana, tan
luego ella que ni siquiera ha asistido a una escuela confesional.
“Pedir permiso antes de acercarse a cada enfermo”.
“Presentarse con respeto”.
“Escucharlos”.
Las consignas, escritas con tiza verde contra un pizarrón negro, están
allí para los novatos que, como es su caso, visitarán por primera vez a
los pacientes del Hospital San Roque. En la pequeña celda conventual
escucha la voz del coordinador:
—Una muralla de soledad aísla de su entorno a quien sufre.
Si no fuera este el momento en que ha de cumplir con su destino, seguiría
escuchando. En el haz de luz de la puerta se recorta una silueta y hacia
allí va su atención. Discurren las primeras horas de una tarde otoñal cuya
luz blanca reverbera y encandila. Alzando la vista hacia el rostro que no
ve, sonríe.
La tarde ya es noche cuando regresan del Hospital, las galerías del
convento evaden la oscuridad con unas cuantas lámparas mezquinas. En una de
esas galerías que circundan un patio embaldosado, patio que con el paso de
los años equivocadamente recordará enorme, cuatro jóvenes juegan al ping
pong mientras otros los observan sentados en un banco entre vítores y
risas. Estos muchachos no han ido al San Roque, camina hacia ellos para
conocerlos.
Sólo ve a uno. A él. Se detiene a su lado y él levanta la vista para
mirarla desde el banco. La pobre luz artificial no puede competir con la
increíble riqueza de su mirada. En la profundidad verde mar de estos ojos,
ve que está frente al gran amor de su vida.
—Te amé desde que vi tu sonrisa en la celda —le dirá él unos días después.
No menos enamorado que ella, cree haber encontrado al ángel que busca desde
niño. Piensa que no es verdad lo que su intuición indica. No. Es ángel, no
demonio. Esa sonrisa suavísima nunca será un cuchillo enterrado en su
vientre.
Ella, haciendo a un lado su propia naturaleza, rutinaria, racional,
metódica, se empeña en ver sólo la belleza del océano que se le ofrece.
Niega los abismos que cavan la ingobernable rebeldía oceánica. Cuando los
monstruos que habitan esos abismos emerjan se quebrará, se volverá loca.
Él, rebelde y generoso hasta la locura, podría ser aquel Francisco, el
legendario.
—Todo amor desmesurado se concibe para la tragedia —repetirá ella para sí
misma un mal día, como un mantra.
Todo amor desmesurado se concibe para la tragedia, explicará a su culpa.
Las palabras rebotan contra el muro de la soledad y vuelven.
Patricia Nasello
****
Entre rosales
No era la primera vez que contemplaba una escena parecida pero nunca, a lo largo de tantos años como detective, había visto tanta sangre ni tanto horror. El cuerpo despedazado de una mujer se repartía por toda la casa desde el hall a la habitación principal. Las salpicaduras rojas habían llegado incluso en el techo y la mayoría de ellas eran manchones tan grandes que parecían arrojados con cubos. De una forma macabra, el asesino, había colocado la cabeza sobre la almohada del dormitorio grande y a modo de cuerpo dio forma a las sabanas ensangrentadas imitando el tronco y las extremidades. Toda la casa olía a matadero, con ese característico y repugnante hedor a muerte. Cualquiera hubiera sentido una nauseas incontrolables pero el inspector Rosales no era un hombre como los demás.
Como siempre, con la precisión de un reloj suizo, fue analizando cada una de las partes seccionadas de la víctima para hacerse una composición mental de cómo habrían sucedido los hechos. El tronco estaba en el recibidor y tenía una profunda herida en medio del pecho – Ese fue, sin duda, el primer golpe asestado por el criminal. Esta tan cerca del corazón que le produjo la muerte de forma instantánea. Se dijo torciendo su nariz como una musaraña. El teniente Rosales solía torcer la nariz para olisquear el aire, como si pudiera percibir en el ambiente olores que solo los insectos pueden ver. Avanzó unos metros y llegó al salón. Allí se había producido el desmembramiento pues el charco de sangre era enorme. El asesino arrastro el cadáver desde la entrada hasta la sala, un rastro viscoso lo dejaba claro. Una vez allí comenzó su esperpéntico ritual. Lo primero que debió hacer fue abrirle el vientre y sacar un feto de unos tres meses que yacía inerte en medio del suelo. Lo miró con asco y al momento dirigió su atención hacia las paredes. Lo que resultaba más extraño era el modo de cómo había llegado la sangre a toda la casa si el desguace del cuerpo se produjo en el salón. Era obvio que el asesino, presa de una vorágine sangrienta, había rociado todas las paredes y el techo usando los miembros como si fueran hisopos. —¿Una forma espantosa de sacralizar su crimen dándole un sentido sacrificial? Es posible. Él lo entendía muy bien. Cuando, hacía ya unos años, tuvo que hacerse cargo de aquella mujer que le pidió responsabilidades sobre la paternidad de un hijo suyo; se comportó como Abraham y, como él, sacrificó a su propio hijo… y de paso a la madre también. Como estaba embarazada no podía acabar con la vida de uno sin terminar con la del otro.
—¿Qué dice jefe? Preguntó Ruiz, su ayudante.
—¿No me digas que eso lo he dicho en alto?
—Sí, en muy alto además. Respondió balbuceando.
—¡Bah! No me hagas caso. Me refería a un caso anterior y lo comentaba en alto.
—Bien, esto está bastante claro. Ha sido un crimen pasional cometido por un psicópata loco como Hitler. Mandaré al equipo de rastros que peine el sitio, yo llevo demasiado tiempo aquí dentro. Ahora… que sería muy interesante, para la investigación, encontrar el arma homicida que debe ser una bastante grande, un hacha por ejemplo. Le dijo a su ayudante, y añadió —Y de pronto se me ha acorrido el sitio perfecto para esconderla ¿Te has fijado en esos macetones grandes a la entrada del jardín sembrados de rosales?
—Sí.
Al cabo de un rato se presentaba Ruiz con el arma en las manos.
—Tenía razón jefe, allí estaba.
—¡Atiza! ¡Un cuchillo!
Ricardo Lampert.
****
Sonido hiriente
No podía ser, no podía creerlo. De nuevo ese espantoso ruido venía a
excitarme. Y que aquello me ocurriese en uno de los días más importantes de
mi vida era ya la gota que colmaba el vaso.
Intenté hacer uno de los sencillos ejercicios de relajación que, tantas
veces, había realizado en la consulta de mi terapeuta; pero todo fue inútil.
Las manos comenzaron a sudarme de manera copiosa y la sensación de calor se
iba apoderando de mi cuello y de mi mandíbula, mientras advertía como esa
quemazón se adueñaba de todo mi rostro.
Los cincuenta pares de ojos que me contemplaban estupefactos, en absoluto
me ayudaban a recuperar el aplomo.
Tuve que abandonar el aula de forma precipitada aun sabiendo que, al día
siguiente, sería la comidilla de toda la universidad. El mundo lectivo es
muy cerrado y mucho más cuando eres la nueva adquisición de la plantilla:
Manuel Pedroso Linares, nada menos que el nuevo profesor de Derecho Romano
y toda una eminencia en su especialidad. Mis estudios sobresalientes en la
Universidad de Cambridge me avalaban.
Ya en mi despacho intenté sosegarme. Me bebí una botella de medio litro de
agua mineral de tirón, pero el calor seguía siendo insoportable, la
garganta me ardía y la dificultad para respirar era agobiante. Me aflojé el
nudo de la corbata he intenté acomodarme en el sillón de mi escritorio,
pero todo fue en vano.
Aquel maldito sonido penetraba por mis oídos y lentamente me iba taladrando
hasta penetrar en mi cerebro. Tenía que salir de allí, el aire fresco de la
mañana me despejaría. Mañana sería otro día y daría las explicaciones
oportunas, pero hoy no podía hacer nada más que huir, correr, parapetarme
en mi casa y tratar de descansar.
Salí al exterior del recinto de forma cauta, miré a un lado y otro de la
calle. Tenía que ser precavido; hacía tiempo me había jurado que nunca más
me pillarían desprevenido.
************
Aquella noche me había quedado más tiempo en la biblioteca, al día
siguiente tenía un examen muy difícil de Derecho Penal y quería aprovechar
al máximo. Al salir, la calle estaba oscura. Sentí el primer golpe, el
segundo, el tercero, me golpeaban con objetos contundentes mientras me
insultaban.
Nunca supe quién me atacó, pero no eran menos de cuatro. No vi nada, sólo
trataba de protegerme la cabeza con los brazos. Llegó un momento en que
dejé de sentir dolor, ya no sentí nada. Desperté varias horas después en el
hospital, tenía múltiples fracturas. Los huesos soldaron con el tiempo. Los
daños psicológicos aún siguen ahí. Recuerdo que esa mañana en clase la tiza
chirriaba de forma lastimosa e insistente.
Desde entonces no soporto ese sonido ni que nadie desconocido se me acerque
a menos de tres metros.
Palpé el bolsillo derecho de mi abrigo y al notar el tacto duro y afilado
del cuchillo en su interior, volví a recuperar la calma perdida.
FIN
María José Cádiz (Miren)
****
Daños irreparables
El reloj parece haberse detenido. No oye la explicación del profesor
sobre el sistema métrico decimal. Lo que sí retumban en su cabeza, sin
poder evitarlo, son las burlas, los insultos y las amenazas de algunos de
sus compañeros. Es difícil decidir que le duele más, si la actitud de sus
acosadores, la de sus supuestos amigos que jamás la defienden frente a esos
energúmenos o la de los profesores, que lo único que saben decirle a sus
padres, es que ella es excesivamente sensible y que allí, no pasa nada.
Claro, no pasa nada. El empujón de Carlos que provocó su caída por las
escaleras, los pelotazos en clase de educación física, las zancadillas en
el patio, los anónimos, los ataques y los gritos a la salida del colegio…
todo fue convenientemente etiquetado como “desafortunados accidentes” o
“cosas de críos”. Aún tiene marcado en el pie el pisotón que Fabián le
propinó cuando estaban entrando en clase esa misma mañana Para completar el
panorama, por algún misterioso motivo, no cayó bien entre el grupito de
populares que se dedicaron de lleno, como si de una misión sagrada se
tratara, a hacerle el vacío social. Todo eso, día tras día, semana tras
semana y mes tras mes, desde hacía cuatro largos años.
Vuelve a mirar el reloj, si no fuera porque es imposible, juraría que va
hacia atrás. Las risitas se hacen cada vez más evidentes. Al principio
piensa que son producto de su imaginación, hasta que se da cuenta de que el
profesor esta frente a su mesa. Tiene el gesto que más odia. Con la mano
extendida, le está ofreciendo la tiza para que salga a la pizarra y
resuelva un problema que habla de tinajas, cubos, litros y mililitros. Son
treinta alumnos en clase ¿Por qué la elige a ella? Arrastra sus pies
andando lentamente como un condenado avanzaría hacia su destino, lo que por
supuesto, provoca una nueva oleada de susurros entre sus compañeros. Una
risotada le llega desde el fondo del aula. No tiene ni que girarse, sabe
perfectamente quien es el dueño. ¡Si él supieran que esa carcajada se le
clava en el pecho como un cuchillo afilado! Bueno, en realidad sabe que no
cambiaría nada, probablemente, si fuera conocedor del efecto que causa en
su ánimo, se sentiría satisfecho.
Se detiene frente al encerado e intenta concentrarse en los datos
anotados, las risitas leves resuenan en su cabeza como auténticos
cañonazos. La pizarra se hace cada vez más grande, da la impresión de que
puede engullirla de un momento a otro, sus manos tiemblan, le cuesta
respirar, un sudor frio le baja por la espalda mientras el color de su
rostro desaparece como arte de magia. El corazón le late tan fuerte que
está convencida de que toda la clase puede escuchar sus pulsaciones. Justo
antes de desplomarse, miró a sus compañeros y por primera vez, desde hacía
mucho tiempo, se sintió feliz en el colegio.
Àngels Om
****
La tiza que escribe en mí
Esperé hasta que mi corazón acelerado amenazó con salir de mi pecho y se cansó de esperar y soportar.
No podía aguantar que mi marido escribiera más historias sobre las nalgas descaradamente expuestas de sus amantes. Yo sabía lo que ocurría aun volviendo la espalda y desconectar de la realidad a través de mis amigos de la noche.
Mi insoportable y aburrido marido, se atrevía a ignorarme y a buscar relaciones excitantes fuera de nuestro matrimonio.
No era justo y además… yo lo amaba. Lo deseaba con una lujuria más allá de toda razón y cordura. Aun no sé por qué, pues siempre me despreció con una fuerza que me daba miedo, mucho miedo. Me arrinconaba y me presionaba en un rincón de nuestra casa, y me hacía beber con ansia la botella de brandy escondida en un rincón del cuarto de baño. Me golpeaba y me desnudaba. Me obligaba a atrapar la almohada con mis manos, aferrándome al colchón duro y escribía en mis nalgas, con una tiza que aunque fuera blanda, hería mi piel. Después me hacía el amor como si fuera una puta, una meretriz que luego cobraba por sus servicios, con la única diferencia que yo no cobraba. Aunque debo admitir que la vida de lujos que me proporcionaba era un precio más que suficiente para soportar sus vejaciones. Hasta que me cansé.
Mi adorado esposo dejaba huellas blancas sobre mi cuerpo, como hacía con sus amantes. Pero yo no reía como ellas .
No podía hacerlo, porque yo lo amaba.
Una noche lo esperé, deseándole, queriéndole dar lo que yo suponía no podía darle. Lo recibí con un suspiro y lo besé ofreciéndole todo mi ser, mi aliento y mi corazón. Él deslizó sus manos por mis muslos y mis caderas y yo me abrí para recibirle. Cuando llegó el momento de la verdad un cuchillo apareció en mi mano y lo apreté contra su garganta. Él me miró con ojos incrédulos y yo le pregunté:
-¿Me amas, verdad?
Él respondió con miedo:
-Sí, claro, mi amor.
Apreté más el arma dejando un fino reguero de sangre en su cuello y le dije cariñosamente:
-Pues será la última cosa que hagas en tu sucia vida…
Carolina Márquez Rojas
****
Catarsis
Con experta delicadeza, el asesino depositó en el suelo el cuerpo inerte de la mujer, luego se paró unos segundos para contemplarla detenidamente; era una mujer muy joven y desde luego era extraordinariamente bella. Se esforzó grandemente por percibir un poco de compasión hacia ella, pero le fue imposible. Si logró, en cambio, aumentar intensamente la excitación que le producía la visión de aquel desmadejado cuerpo que mantenía una obscena postura perfectamente calculada. No podía evitarlo, se sentía poderoso y gratificado por un profundo placer sexual que con cada sacrificio iba acrecentándose. ¿Cuántas eran, dieciocho?, si, el delirio que sentía con cada nueva conquista, aumentaba considerablemente al de la anterior.
Se preparó para la ceremonia. De uno de los bolsillos de su gabardina sacó una pequeña caja que abrió con ansiedad. En su interior, ordenadamente dispuestos, había un trozo de tiza blanca, un cuchillo y una pequeña cámara de fotos digital.
Cogió la tiza y comenzó a dibujar alrededor del cuerpo de la mujer. Lo hizo lentamente, recreándose con exagerada precisión, silueteando perfectamente todo el contorno de aquel hermoso cuerpo. Cuando terminó guardó la tiza y sacó la cámara de fotos. Durante un inacabable periodo de tiempo, el asesino, sacó fotos sin cesar de su víctima inmóvil. Lo hizo desde todos los ángulos posibles y desde todas las distancias imaginables, pero no la tocó, ni siquiera la rozó. Aquel no era el momento.
Fue entonces, mientras miraba por el visor de la cámara, que pudo ver como unas lágrimas resbalaban por las mejillas de su víctima. Acercó su rostro al de ella. Sus ojos se movían rápidamente de un lado para otro, parecían querer gritar lo que su boca no le permitía. Sin duda estaban implorando.
¿Piedad, pedían piedad?, eso no era posible. Pero eso ella aun no lo podía saber.
Con calculada parsimonia, guardó la cámara de fotos y sacó el cuchillo, era muy pequeño, parecía manejable y estaba extremadamente afilado, tanto como un bisturí quirúrgico. Los ojos de la mujer parecieron volverse locos. El terror que reflejaban era absolutamente indescriptible, quería salir de allí, golpearle la cara, correr, pero era imposible, sólo sus ojos obedecían las órdenes de su cerebro, que a su vez parecía próximo al estallido de puro horror.
-¿Tienes miedo? Preguntó el asesino
-¡…..! — los ojos de la mujer amenazaban con salirse aterrados de sus órbitas
-Se que no puedes hablar, tampoco puedes moverte, la toxina que te he colocado en la bebida es extremadamente potente…, te preguntas que va a suceder ahora…, es inevitable que vas a morir…, tú no lo podrás ver…, pero créeme, si lo podrás sentir.– la frialdad del asesino aun la enloquecía más
Un rato después, en el momento que él consideró adecuado, acercó el afilado cuchillo hasta las cuencas de los implorantes ojos de la mujer y con la precisión de un cirujano los fue cercenando, lenta y metódicamente.
La mujer aun tardaría unos minutos en morir, pero él nunca pudo saber, con certeza, el momento exacto en que eso ocurrió.
José Vte. García – Yaquedigo.blogspot.com
****
TIRANDO A DAR
KIT-KAT
Mira, decidido, no puedo más! Ya está bien! Me importa un pito la gente, el mundo, todos menos tu!.. a quien llevo clavada dentro como un cuchillo.
Así que me subo al deportivo morado y en un promedio de 250 km/h he llegado a la puerta de tu trabajo. Desde dentro oteo el horizonte para localizarte… Ardo en deseos de verte, de tenerte… OMG!!!… Síiiiiiiiiiii… allí estás!.. delante de la pizarra con sus tizas, hablando con unas señoras, pero estás. Bajo rápidamente cerrando al vuelo y en dos zancadas entro. Te veo, me ves, nos miramos e inmediatamente corres a estrujarme con tus brazos mientras yo te abrazo poderosamente y te cojo la cabeza para besarte sensualmente en la boca… xD!!! esta es el agua que me faltaba para mi sed y tu aroma el que me faltaba para respirar…
Las señoras se han quedado atónitas y como ninguno de los dos les presta el más mínimo caso, optan por retirarse, murmurando por lo bajini. Te cojo en brazos, te deposito en un montón de bellas y lujosas mantas de seda y cachemir, de lana de alpaca, que es tan suave como el visón y tú no quieres soltarme el cuello mientras ríes encantadoramente… me escapo, en un abrir y cerrar de ojos cierro la puerta de entrada y corro hacia tí… Espero que no quede nadie porque a mí me va a dar igual.. y, al parecer, a tí también, jajaja… si ya te estás desabrochando el vaquero… mmm… mi loca apasionada y ardiente… me quito la camisa, la dejo a un lado y aprovecho para desabotonarte la tuya y el sujetador… mmm… precioso sujetador morado!!!… mmm… no sé de qué me suena, jajajaa…
xD!!! ¡¡¡Qué espléndida y bella estás en tu desnudez!!! Ya casi se te quitó el moreno pero tienes una luminosidad en tu piel que parece hecha de nácar, con la diferencia de que tú estás ardiendo y el nácar es frío… aunque tan suave como tú….
Perfilo con mis manos tu cuerpo voluptuoso que tan bien se deja modelar por mí. Ya te noto excitada!!!… tus gemidos te delatan pero está el hecho de que te conozco tanto que antes de que tu bailes yo ya estoy con el smoking preparado…
Qué bien se nos da esta danza cimbreante… ambos desnudos. ambos tan entrelazados en las mantas que no se sabe quién es uno y quién es otro… Un torrente de caricias, de besos, de gemidos y de placer… Mi embrujadora particular que me tienes loco!!! Vamos, mi vida, a bailar nuestro vals juntos una vez más… Nuestros ritmos van acompasados, tú más frenética que yo pero es que te estoy esperando, amor, aunque ya veo que vas por libre, jajajajajaja… bieeeeeeeeen!!! pues sigue, preciosa, que es lo que vine a darte, amor y placer, lujuria y deseo, todo junto de la forma más sensual que hayas podido soñar… ahh… ahh… no te controles, estoy bien… sigue, sigue… sigue… Uffff!!!… si, si, si… juntos… si… ahhh, mi amor… pequeña…
Tras unos minutos en absoluto silencio, llenos de amor y de satisfacción, deposito un beso en tu boca que está sonriente (como la mía) y repaso tus formas tan perfectas…
Ya vestido, te guiño un ojo a lo que tu respondes con una sonrisa picante, mientras te vistes precipitadamente… y salgo diciéndote que te quiero.
Corro rápido al coche que ya he abierto y me marcho. Lástima, se acabó el kit-kat.
Ricardo Corazón de León.
****
¡¡PODER!!
Ahora me siento bien, una vez que ha pasado todo. Ya estoy en mi clase con mis alumnos mayores que yo, mis tizas y mis libros.
No era así cuando todo pasó. Fue tan rápido que apenas lo he digerido aún. Viene a mi mente una y otra vez el recuerdo de los hechos pero no la comprensión de los mismos.
Pasé por casa de mi amiga, la felicité por su cumpleaños y continué andando. En el camino a la vereda de un bosque encuentro un cuchillo ensangrentado. Sé que no puedo cogerlo, las huellas, la policía… pero no me resisto, simplemente no puedo. Lo cojo y en el momento en que lo cojo ya no soy yo. La furia asesina me invade, ardo en ira y en fuego. Soy un volcán de odio. No sé contra quién. Contra todo y todos pero me acucia el deseo de matar… matar a todo lo que esté vivo, ver cómo la vida se escapa de los ojos de mi víctima…. Es tan placentero como un clímax, pero mejor.
Me encamino volviendo atrás sobre mis pasos. Voy decidido. No me he sentido tan fuerte, tan poderoso como ahora nunca en mi vida. Pero me falta algo fundamental, algo que tengo que terminar para ser yo mismo y sentirme aún más vigoroso, más pujante.
Siento en mí la experiencia de siglos de cientos de asesinatos y la febril sed insaciable que me lleva. Abro la puerta, me miro en un espejo, pero ese no soy yo, eso es un demonio…
-Volviste? Qué bien! Estaba a punto de llamarte para que me… Oye!! Estás bien? Te pasa algo? Qué haces con un cuchillo? Y tiene sangre!
No le dio tiempo a nada más, la hoja del cuchillo rebanó certeramente su garganta poniendo fin a sus días y mientras su vida iba desapareciendo de sus ojos yo vibraba y temblaba de supremacía… ¡¡PODER!!… Era escalofriante!!
Pero ahora, solo puedo recordar hechos y sentimientos y me acojono porque alguien o algo se apoderó de mí y no podía comprender nada.
El móvil sonó. Para comunicarme la horrorosa muerte de mi mejor amiga…
Arturo Fraga Salazar
****
LA SORPRESA
Estaba deseando que diesen las ocho , había recibido un mensaje , un misterioso mensaje que solo decía “te espero en casa a las 9 , ponte el vestido morado ” . Así que preparé en un bolso de fin de semana , todo lo necesario para “esa misteriosa ” cita , eso era lo que mas me gustaba de él , que siempre lograba sorprenderme , por mas cábalas que hiciese, ni en sueños llegaba a imaginar las cosas que se le ocurrían , y eso era nuevo en mi vida ,que hasta que le conocí , ni me había dado cuenta de lo aburrida que era , una sorpresa diaria; una flor en mi face , una canción ,un desayuno sorpresa , un viaje relámpago o un poema escrito por él , así que me sentía la mujer mas afortunada del mundo , la mas querida y admirada por un hombre que me quería de verdad , por un hombre romántico ,detallista y que siempre estaba pendiente de mi , que lo único que le importaba era que yo fuese feliz…, hoy ,una cita misteriosa a las nueve en casa ….
Me pasé todo el mediodía preparándome ,un baño relajante , el pelo , mascarillas , preparar el bolso , el vestido morado con la lencería a juego , los zapatos de taconazo , las medias de liga , mi perfume ( su preferido ) los pendientes y la gargantilla de perlas de rio, preciosos , que me trajo de uno de sus últimos viajes , y el neceser del maquillaje ,¡¡ todo estaba listo !!, iría a trabajar y me prepararía en la oficina , tenia que llegar a casa ya preparada , y solo faltaban cinco minutos para empezar la cuenta atrás , y empezar a cambiarme , me encantaba la idea ,estaba emocionada y yo quería sorprenderle , estar lo mas guapa posible , para él.
Fui al baño, y comencé la misión ,me vestí lo mas rápido que pude , con cuidado de no romper las medias , me maquillé , un maquillaje suave y natural , un toque en el pelo y cuando iba a coger el perfume para darme el toque final , unas gotitas en el canalillo , en las muñecas y en el cuello ,entonces vi algo que no me había dado cuenta de que estaba allí, en la encimera del baño , había un pequeño cuchillo , un trozo de tiza y un papel plegado , lo abrí y el texto era el siguiente “mira a tu izquierda , con el cuchillo corta la cuerda ” me sonreí , era su letra , su hermosa letra , pero .. cuando había entrado allí ?? bueno , ya lo averiguaré , pensé e intenté cortar la cuerda que sujetaba una especie de cartulina , pegada a la pared , lo hice , y la cartulina cayó al suelo…. jajajjaja la carcajada fue sonora , en la pared y escrito con la tiza ponía ” ¡¡ Estas preciosa !! vengaaaa que te estoy esperandooo ” y abajo en pequeñito , no te olvides el cuchillo , lo necesitarás.
Así que lo guardé en el bolso y salí de allí con una sonrisa puesta ,como siempre desde que estaba con él . Casi no había tráfico así que tardé menos de lo que pensaba,y llegué a tiempo , a las nueve en punto estaba delante de la puerta de casa , donde había colgada otra cartulina , corté la cuerda con el cuchillo y ponía “antes de entrar píntate de nuevo los labios ,sabor de frutas ” jajjajajajaja pero como sabía que era ese el que había elegido ??? me conocía muy bien a pesar del poco tiempo que llevábamos juntos ,mmmm demasiado bien , eso me gustaba..
Entré , dejé los bolsos , el abrigo , me pinté los labios , sabor a frutas , por supuesto , y me dispuse a entrar en el salón , ¡¡¡¡OHHHHH!!!!! estaba precioso , iluminado con velas , había cientos de ellas por todos los lados , olía a varillas aromáticas , mmm el ambiente era espectacular , y allí estaba él , guapiiisimo , con un traje oscuro y una camisa blanca , que resaltaba su tez morena, sus preciosos ojos y su pelo ensortijado , estaba bello , bello de verdad , yo no sabía ni que decir , no salía de mi asombro , así que se acercó y me cogió de la mano , me acercó a él y me dio un beso delicioso y suave ,saboreó mis labios , casi comprobando que había acertado , era de frutas , su sonrisa le delató , ¡¡¡estaba encantado!!! me dio la bienvenida ,admiró mi aspecto , dándome una vuelta sobre mi misma , clavó su ojos en mi gargantilla y le gustó , le gusto que me lo hubiese puesto ,se contuvo de seguir besándome , hoy era una cena formal … había que comportarse y muy estirado , y ceremonioso , me llevó del brazo hasta la mesa.
Era una mesa espectacular , decorada con un gusto exquisito , sencilla pero muy elegante, no le faltaba ni un detalle , con las velas , las flores , una vajilla preciosa y unas copas que yo no había visto jamás (le había llevado horas preparar todo aquello, y todo para mi ).
Me acomodó en la silla , y él hizo lo mismo a mi lado , hizo un gesto con la mano , y apareció un mayordomo , a servirnos el vino , yo no sabía ni qué decir , no reaccionaba , solo le miraba y me reía , él se lo estaba pasando en grande , sabía que lo que pretendía lo estaba consiguiendo , SORPRENDERME !!! ya lo creo que sí….
La cena fue deliciosa , platos exquisitos , cocinados por expertos chefs, que tenían nombres irrepetibles , no por bonitos ni largos ,sino, por raros, me di cuenta de que no podría repetir ni uno de ellos , pero tampoco podría decir cual de ellos me gustó mas era imposible elegir .
Cuando terminamos, aun estábamos muy encorsetados, yo un poco,cortada , con aquel señor allí atendiéndonos , que era muy majo pero… yo quería acercarme a él , besarle,abrazarle, pero .. había que estar formal , no quedaría bien, y él sabía lo que estaba pensando, porque yo también le conocía bastante y esa sonrisa que ponía ….yo sabía que formaba parte del juego de seducción en el que estábamos , el estaba ganando , y eso no podía ser , así que ¡¡¡ a jugar !!!. Saqué todas mis armas de mujer , miradas , gestos , risitas, juegos con la gargantilla , y él se iba poniendo cada vez mas nervioso , ya no paraba quieto en la silla ,otra miradita ,oh !! se cayó una gota en el escote … ufff ya no podíamos mas , despidió al mayordomo con un gesto , a lo cual él hizo otro , ¡¡faltaba el postre !!! , no le dejó decir mas ,el pobre hombre se marcho cerrando la puerta tras de si .
El postre lo traeríamos nosotros , si !!!! pero mañana !!! , me cogió en brazos ,subimos a la habitación , que estaba en penumbra , también con velas me tendió encima de la cama , me fue desnudando lentamente ,cosa que me estaba poniendo casi furiosa , pero por el deseo de él que me estaba volviendo loca ,no entendía como él podo llevar tal lentitud ,pero se deleitaba con cada prenda … había puesto una manta suave como el visón encima de la cama , de lo que no me di cuenta hasta que no estábamos desnudos, era muy agradable ,sentirla sobre la piel , y a él… , hicimos el amor durante toda la noche, nuestros cuerpos respondían libremente a las caricias del otro , se conocían perfectamente , eran como uno solo, era como un baile ensayado mil veces , nuestro baile, solo nuestro ,había tanto amor en aquella habitación ,besos , caricias ,gemidos de placer, al unísono llegando juntos al placer máximo ,una y otra vez , hasta caer extenuados …, uno en los brazos del otro , para decirnos al oído ” TE AMO ” y quedarnos dormidos …….
ISABEL LEBAIS
****
Y se fue
A la salida del cine tiraste el cuchillo al agua, había llovido y un gran charco se había formado en torno a la boca de una alcantarilla. Estabas inquieto, ya en el cine estuviste mal, nervioso, muy nervioso, anduviste dándome la murga con tus apasionantes jornadas de caza en compañía de tu padre. Nos habíamos jugado el instituto para irnos al cine; como en otras tantas ocasiones hicimos novillos y cine en lugar de clase. Tú te pusiste coñazo y no me dejabas ver la peli.
A la salida te enfadaste conmigo porque yo no quería pringarme con esa mierda de drogas que a ti tanto te gustaban, estabas obsesionado por la “liberación” que te producían y a toda costa querías meterme a mí en tu carro, abusando de nuestra amistad, incluyo llegaste a decirme que si no te acompañaba era porque no éramos amigos. Yo te respondí que te equivocabas, que las cosas entre amigos no pasaba por la intransigencia, que la amistad exigía una pizca de respeto hacia el amigo, hacia la otra persona, en consecuencia te pedí que no me presionaras.
En un arrebato de ira tiraste tu cuchillo de caza, el que siempre llevabas escondido en el bolsillo interior de la gabardina para impresionar a los amigos, fue a caer al lado de la alcantarilla, un poco más y lo hubieras perdido, si no lo frena el agua se habría metido dentro. Lo recogiste de malas maneras y saliste zumbando, despotricabas contra mi persona. Al día siguiente me llamaste pidiendo disculpas pero ya nada era igual, la amistad es de naturaleza delicada, poco a poco nos fuimos distanciando a medida que nuestra amistad se diluía en el tiempo pasado, el que nunca vuelve si bien siempre está con nosotros, en nuestros recuerdos.
Fueron pasando los años y la cuadrilla se olvidó de ti, todos nos olvidamos de tu persona. Tiempo más tarde yo me casé con Marta, aquella muchacha que antes fuera novia tuya y te dejó por la misma historia de siempre. Sí, la encantadora Marta, la chica pecosa, de ojos claros como los días de primavera, sonrisa abierta y el pelo pelirrojo igual que algunos vinos blancos. Los dos estudiamos en la misma universidad, en la U.R., los dos continuamos con nuestras vidas, los dos seguíamos en la misma cuadrilla, hasta que un buen día los dos nos cogimos de la mano…
Un día nos enteramos de tu muerte, te habías pasado de la raya, demasiada tiza esnifada, tantas veces habías ido a la fuente que una de ellas tenía que ser la última. Marta y yo decidimos asistir a tus exequias, no lo teníamos muy claro pero decidimos ir. Y allí, entre los nichos del cementerio, nos encontramos con la triste realidad de tu tiempo pasado, la de nuestro amigo que corría tras la felicidad del momento sin importarle las miles de horas que habrían de llegar al través, atragantándole la vida.
Anselmo Ruiz
****
Escena del Crimen
Pintó el dibujo en el suelo con tiza, la postura tipo cruz gamada era su preferida, las cuatro extremidades dobladas en el sentido de las agujas del reloj. Después se escondió tras la puerta a esperar, con el cuchillo preparado.
Cuando ella entró, se quedó mirando un rato el dibujo del suelo, luego se acomodó en la postura pintada, encajaba perfectamente con su contorno.
Los asesinatos en serie se sucedían sin que la policía lograse averiguar quién era el asesino ni qué patrón cumplía al elegir sus víctimas. El profesor de estadística logró demostrar que el cien por cien de las víctimas encuestadas no podían sucumbir al inevitable impulso de tumbarse sobre un contorno de tiza.
Ana Vidal Pérez de la Ossa
****
Un Paseo desgraciadamente Inolvidable
Como cada vísperas de Navidad, Marta se vistió ilusionada para salir a pasear con sus padres.
Iban a dar una vuelta por los tradicionales puestos. Al llegar, sus ojos se iluminaron: Papá, Mamá, ¡Mirar que Belén, que figuritas!
La plaza estaba a rebosar de gente: unos comprando y otros, solo miraban.
Marta y sus padres adquirieron algunas figuritas nuevas para añadir a su Belén.
La niña, andaba exuberante llena de felicidad. Comentaba con sus Padres las ganas que tenia por ver lo que le traerían Papá Noel y los Reyes Magos.
De repente, todo se convirtió en un Caos: la gente comenzó a correr y a gritar. Algunos puestos fueron derribados y, su mercancía, esparcida por el suelo.
Entre tanto gentío, Marta soltó la mano de su madre: la muchedumbre la empujaba y ella, entre gritos y llantos, llamaba a sus padres.
No comprendía que ocurría.
Entre tantos empujones, fue a parar a una de las aceras, donde una buena mujer la cobijó a la espera de que sus padres aparecieran.
Se escuchaban las sirenas, tanto de Policías como de Ambulancias.
Cuando Marta escuchó comentar que un hombre con un cuchillo había herido a numerosas personas, la niña, asustada, buscaba a sus padres. En esa búsqueda, vio a numerosas personas con sus cuerpos ensangrentados.
Su cuerpecito temblaba de miedo.
De pronto, escuchó una voz muy familiar: era su madre, que la llamaba corriendo hacia ella.
Se fundieron en un profundo abrazo. Detrás iba su padre que, al igual que su madre, tomó a su hija y durante un largo rato, no dejó de besarla.
Tras dar las Gracias a la señora por ayudar a su hija, se marcharon.
Cuando Marta, metiéndose la mano en el bolsillo de su abrigo para sacar un pañuelo y sus lágrimas secar, encontró una tiza: la sujetó y les pidió a sus padres un minuto:
En una Pared, dibujó un Corazón en el que escribió: PAZ y AMOR.
Mari Ángeles Gallego García
****
SIN MEMORIA
No recuerdo nada de lo sucedido, ni que hago aquí.
La casa donde me encuentro es extraña, demasiado grande y con tantos objetos por doquier, debo decir que ninguno me resulta familiar, bueno me duele la cabeza (debo haberme dado algun golpe), tengo que hecharme un rato luego observaré más detenidamente la situación. Estoy de suerte bajo la ventana hay un catre descansaré quizas cuando despierte recuerde………… Oh Dios ni siquiera recuerdo mi nombre.
Al abrir los ojos estaba en total oscuridad había anochecido en lo que yo descansaba y estaba satisfecha ahora recordaba mi nombre ELISA.
Busqué a tientas el interruptor de la luz aunque no sirvió de nada, no funcionaba.
Comenzaba a tener flashes de recuerdos pero no conseguía tener una idea clara de como había llegado hasta aquí, busqué en mis bolsillos y encontré tres objetos de lo mas extraños, eran tres trozos de tiza blanca, ¿ para que usaría yo eso?
Quizás era maestra estaba claro que ya era mayor para ser estudiante.
Dios como me dolía la cabeza cada vez que intentaba recordar algo.
Intenté tantear en la oscuridad por toda la habitación y pude encontrar un candil y unas cerillas al prenderlas sentí un gran escalofrío, ante mi había una mujer con la ropa ensangrentada y un candil en la mano y el terror se apoderó de mi, era mi reflejo pues miraba un espejo y lo recordé todo, no era profesora me dedicaba a marcar las siluetas de los cuerpos sin vida que se habían hallado en el ultimo año mas de 10 hombres que habían asesinado con un cuchillo curvo y pequeño. Un asesino en serie que les clavaba el cuchillo en el corazón y luego marcaba la silueta del cadáver con una tiza blanca, esa asesina era yo.
Fin
Mercy Flores
****
ELLA NOS CUIDA
Era una noche de verano, casi a finales de agosto, había hecho muchísimo calor durante todo el día, y habíamos estado pintando en el suelo con unas tizas, lo que era un esbozo de un gran mural que haríamos mas adelante, ya por la tarde, estando todos los amigos juntos, decidimos, que después de cenar, nos reuniríamos en la hermosa esplanada que hay antes de entrar al bosque, para ver las estrellas y pasar un rato agradable.
El bosque está a las afueras del pueblo, es un hermoso y frondoso bosque, que esta surcado por un río, y que en su corazón hay un pequeño lago con unas piedras enormes donde poder tomar el sol. De día, es uno de nuestros lugares favoritos donde pasar las tardes de verano, pero por la noche …. por la noche, no es un lugar habitual a donde ir, ya que se vuelve tenebroso, y da mucho respeto.
Allí no se atreven ni a ir las parejas a buscar intimidad, ya que sobre él recaen muchas leyendas de seres extraordinarios, los árboles y las sombras, además de los ruidos propios del bosque, lo hacen parecer un lugar terrorífico ….
Allí nos encaminábamos, todos juntos, cada uno de la mano de su pareja, extendimos las mantas y encendimos un fuego, alguien se encargó de llevar bebidas y algo para picar. Lo teníamos todo dispuesto alrededor de la hoguera, la comida, el cuchillo, las bebidas…
Nos fuimos sentando y empezamos a contar historias, unas reales, otras inventadas, casi todas acababan con una sonora carcajada, pero poco a poco las parejitas iban desapareciendo, y como no, nosotros también, pero fuimos más valientes que nadie, nosotros sí que nos fuimos hasta la orilla del lago, ya lo habíamos hablado por la tarde, y como dos furtivos, allí nos dirigimos, yo cada vez tenía más miedo y cada vez iba más aferrada a su brazo, el camino se me hizo eterno, no veía más que sombras que se movían, pero por fin llegamos.
Era nuestra primera vez, decidimos que fuese allí, ya que era el sitio donde nos conocimos, los dos estábamos muy nerviosos, casi tímidos, pero poco a poco, un beso… una caricia… nos fuimos relajando, iba a ser una noche muy especial, mucho…
Habían pasado unos minutos, no sabría decir cuántos, cuando nos dimos cuenta, que había luces, unas luces de colores, entre las ramas de los árboles, estaban todos los colores del arco iris, y también eran de diferentes tamaños, las mirábamos boquiabiertos, no sabíamos ni cómo reaccionar, ¡¡se estaban acercando a nosotros!! era un espectáculo muy hermoso y, a la vez un poco… inquietante… nosotros estábamos abrazados, y en ningún momento sentimos miedo, lo que se dice, miedo, por lo menos hasta entonces…
Fueron acercándose, estaban observándonos, pasaban a nuestro alrededor, y nos dimos cuenta de que se oía como un rumor de voces, era como si las luces hablasen entre ellas, era agradable, como un patio de colegio a la hora del recreo, pero… poco a poco, esas voces fueron cambiando de tono, ya no revoloteaban a nuestro alrededor, sino, más bien, parecía que… ¡¡nos estaban atacando!! , empezamos a asustarnos, no solo nos atacaban, sino que también peleaban entre ellas, el ruido empezó a ser ensordecedor, yo empecé a gritar, mi chico, intentaba alejarlas de mi, intentaba protegerme, con todas sus fuerzas, enfrentándose a ¡¡¡qué!!! … a unas luces que no llegaba ni a tocar en un esfuerzo desesperado por alejarlas de mí… los minutos se hicieron interminables la desesperación nos estaba agotando, yo no dejaba de gritar mientras él, seguía luchando desesperado dando manotazos al aire y sin despegarse de mí…
De pronto, por el camino, aparecieron nuestros amigos, que alarmados por los gritos desesperados, corrieron en nuestro auxilio, pero cuando vieron lo que sucedía, no daban crédito, a nosotros casi no se nos veía, entre las luces, solo oían nuestros gritos aterradores, se acercaron, a ayudarnos, pero era imposible, era como dar manotazos a las sombras, era una lucha frenética y agotadora, nosotros dos ya estábamos muy cansados, casi sin fuerzas, ya no podíamos más que abrazarnos, y agacharnos hechos un ovillo, mi chico trataba de consolarme y protegerme, de pronto… algo sucedió…
Algo que ninguno somos capaces de decir exactamente, qué fue. De entre los árboles, apareció una pequeña luz blanca, era más pequeña que las demás, y se oyó una agradable melodía, una preciosa canción, poco a poco, las luces dejaron de pelearse entre ellas, el ruido ensordecedor dio paso al murmullo agradable y poco a poco al silencio, incluso nosotros, dejamos de chillar, y solo se oía aquella preciosa canción, que por mucho que lo hemos intentado, no somos capaces de recordar, solo nos acordamos de la sensación de paz y tranquilidad que nos transmitía, yo aún no había dejado de temblar ni de llorar, mi chico, no dejaba de abrazarme y acariciarme para tranquilizarme, y lo mismo hacían los demás con sus parejas, porque acabamos de dos en dos en el suelo abrazados, protegiéndonos unos a otros… Fue terrorífico…
http://www.youtube.com/watch?v=TzGMTQNZe_k&feature=BFp&list=PL79BFE0BE7C4AF148
Todo había acabado, aquel ser, aquella luz blanca, con su sola presencia, había terminado con todo aquel caos, todos estábamos mirándola en silencio no dábamos crédito, cuando de pronto… se fue moviendo poco a poco, yo me abrazaba cada vez mas fuerte, pero… cuando se acercó a mí, ya no sentía miedo, me fue tranquilizando ¡¡¡me estaba cantando a mí!!! se paró frente a mi cara, alargué una mano, y se posó en ella, levantó el vuelo de nuevo, se acercó a mi chico, que hizo lo mismo, estaba pidiéndonos disculpas por haber tardado tanto en ayudarnos, era como si nos conociese, o esa sensación nos dio, se marchó y en un minuto estaba de vuelta, alargamos los dos las manos, y dejo caer una pequeña flor silvestre, fue cuando comprendimos, quien era, había tanto amor en aquella diminuta luz, tanta paz, tanta felicidad y tranquilidad, que solo recordarlo, se me llena el corazón de todo lo bueno de la vida, y en aquél momento, todos sentimos lo mismo, todos, sabíamos quién era ese ser tan extraordinario… la reconocimos…
Revoloteó por encima de todos, nos daba su bendición, se fue posando encima de cada uno, confirmando lo que ya sabíamos, que ella estaba siempre con nosotros, que nos cuidaba, y que nos daba todo su amor, hizo una pequeña cabriola en el aire, se encaramó en la copa de un árbol y se marchó…
Siempre está conmigo… TE QUIERO MUCHO, BEGO , JAMÁS TE OLVIDARÉ…
****





Pingback: Tirando a dar, de Lindastar | Blog de Ebude
Me han gustado especialmente los relatos de Gusapira: Vuelta al cole y de A.M.Caliani: La tiza de Samuel Zimmermann.
Me reafirmo en mi comentario anterior pero también me parece muy interesante el de Lindastar, Tirando a dar. De los demás prefiero ni hablar.
Muchas gracias, Ricardo, por compartir tus opiniones.
Espero que sigas pasando por este blog de cuando en cuando y que siempre encuentres elementos de tu agrado.
Aunque no me gusta que me influyan en mis comentarios, reconozco que esos 3 son los mejores. El de Ebude ni siquiera lo entiendo, el de Ricardo Lampert me dan ganas de vomitar con tanta sangre, en fín…
El de Gusapira me encanta porque te ríes y te meas de miedo a la vez. El de (joe, macho, cambiate de nombre porque jamás podré buscarte en ningún sitio con ese nombre que soy incapaz de recordar cada vez que lo escribo -es una sugerencia para poder buscarte-) A.M. Caliani me gusta porque no obstante tratar un tema tan manoseado y ya cansino, da al lector una tremenda satisfacción y aire de libertad con su final.
Y el de Lindastar es “nuevo”. Es un ambiente común en donde suceden cosas no comunes pero tampoco anormales y está narrado con maestría.
Por fín, entendí el de Ebude y me gustó. Es que hasta que no bebo mi cuarto café no estoy despierto. Muy bueno. Aunque lo he tenido que leer 3 veces más.
Gracias, Arturo, por dejarnos tus opiniones.
Por lo que respecta a mi relato, quizás tendría que haberlo escrito más claramente. En mi descargo te diré que no me gusta que los lectores lo encuentren todo masticado.
Saludos.
Pingback: Kit-Kat, de Ricardo Corazón de León | Blog de Ebude
jajajajajaja…. Amigos, es la primera vez que intento y que me publican un microrrelato y como su propio nombre indica es micro, micro de verdad. Vamos que tengo y tendrán si quieren leerlo utilizar una buena lupa o tirar de zoom para verlo. Parecen cagarrutitas de hormigas sobre el papel…
Bueno, amigos, muchísimas gracias. Os volveré a enviar a ese chiquitín un poco más grande para que no solo las pulgas lo puedan leer.
GRACIAS. De todo se aprende en la vida. Ahora ya sé letra y tamaño…
Perdonad por el comentario anterior. Me han hecho notar que el tamaño es el adecuado aunque la letra es diferente y es que este asqueroso sistema de Vista me hace ver cosas imposibles. Está perfectamente publicado. Gracias.
Muy original Ricardo corazón de León
Felicitaciones
Comentario al KIT-KAT de Ricardo Corazón de León. Estoy viendo las críticas en facebook de tu publicación aquí y por lo que veo a las damas les has encantado… más que encantado, diría yo. Yo me he sentido metido de repente en tu cuerpo y a una velocidad súper-sónica he entrado, me he colocado a 250, he culminado y sigo corriendo…
Muy apasionado y muy empático. Me gustó tu forma de escribir. Gracias por compartirlo con nosotros.
Pingback: Blog de Ebude
Sorpresa!
Gracias. Muchas gracias por publicar mi relato. No me lo esperaba así. No sé explicarme… Ayer lo envié, hoy me gusta. Gracias, otra vez.
Gracias a ti por tu colaboración.
Pingback: La sorpresa, de Isabel Lebais | Blog de Ebude
Me encanta vuestro blog , eso lo primero , después decir que, gracias por publicarlo ,estoy emocionada por verlo aquí , es la primera vez que mando algo, bueno en realidad es la primera vez que escribo algo que no sea para mis amigos (les escribí tres cuentitos ) , y la verdad , desde que lo mandé me sentía como esperando la nota de un examen importante , y por fin !!! salió el resultado , me ha encantado la experiencia , gracias de nuevo .
Quero dar las gracias también a Ricardo Plantagenet , que ha sido quien me animó a hacerlo . Gracias por todo .
Comentario a La sorpresa de Isabel Lebais. Es un cuento bonito, amable, elegante y muy sensual. Continúa escribiendo. Merece la pena.
Gracias a ti por tu colaboración. Y sigue escribiendo.
Saludos.
Para Isabelle Lebais y su cuento “La sorpresa”. No puedo dejar de reproducir lo que ya he dejado escrito en facebook que paso a transcribir:
Tras leer tu primera crítica oficial de Ebude, ¡¡FELICIDADES!! Estoy muy orgulloso de tí y, sobre todo, porque hayas descubierto una habilidad en tí que ni siquiera soñabas, como tantas otras.
¡¡¡ADELANTE, Mi niña!!!
Para mí esta primera crítica oficial de tu cuentito me ha encantado.
Respondiendo al comentario de Isabelle Lebais: Gracias por tus menciones, pero eso sin ti no hubiera representado nada. Solo que no te habías fijado nunca. Si es por eso, muchas gracias por hacerme caso, jaaajaja… Besos.
Gracias Arturo , tu también debes seguir , me sorprendió mucho tu cuento ,¡¡¡ me encanto !!!! . Seguiremos todos , esto es divertido , y la verdad , da muchas satisfacciones .
Comentario a KIT-KAT de Ricardo Corazon de Leon :
Yo he hecho el mismo recorrido que tu , como dice Arturo, tu manera de escribir , esas descripciones … hacen que entres dentro del relato y no solo eso ,te pones en la piel del personaje . Me gusta mucho.
Pingback: Y se fue, de Anselmo Ruiz | Blog de Ebude
Pingback: Escena del crimen, de Ana Vidal | Blog de Ebude
Me ha impresionado muy favorablemente el brevísimo cuento de Ana Vidal Pérez de la Ossa. Está muy bien redactado y son apabullantes las sensaciones que provoca en 4 líneas hasta terminar con un final inesperado.
Además como coincidía, en principio, con otro anterior, pensé que no se habría leído los anteriores, pero independientemente de eso, me ha gustado mucho. Ya lo he divulgado en “Yo vine aquí a hablar de mi libro y en mi propia página de google, de facebook y en esta.
El otro cuento de Anselmo Ruíz está muy bien escrito, controlado y llevado pero desgraciadamente es un tema que no solo no me interesa sino que me parece deprimente y sobre gustos no hay nada escrito.
Hola, Ricardo Corazón de León.
Estoy de acuerdo contigo, ambos relatos son espléndidos aunque de diferente argumento y factura.
Afortunadamente no tengo que elegir entre los dos, porque, de ser así, tendría un serio problema.
Saludos.
Uy, que bien! Siguen llegando. Yo creía que se habían acabado pero me alegro mucho de que no haya sido así. Me gusta muchísimo el último cuento de Ana Vidal Pérez de la Ossa. Es muy bueno y con un giro gracioso dentro del morbo, en el último instante. Con éste, sí que hace un guiño al lector, como tu dices, Ebude.
Con el de Anselmo Ruíz me pasa lo mismo que a Ricardo. El tema me resulta odioso.
Hola, Arturo. Sí, el guiño al lector, buscar su complicidad, es difícil, pero infalible.
Y siguen llegando. Ahora añadiré uno más.
Pingback: Un Paseo desgraciadamente Inolvidable, de Mari Ángeles Gallego García | Blog de Ebude
En cuanto al cuento de Mari Ángeles Gallego García, qué desgracia es que ahora ese suceso que jamás se produciría antes, ahora está a la orden del día, como su autora indica. Y menos mal, al final feliz. Lo voy a compartir.
Como bien dice Arturo, respecto al cuento de nuestra amiga Mari Ángeles Gallego García, esos hechos jamás sucedían antes pero tampoco una niña podría pintar con una tiza en la calle un corazón y las palabras PAZ y AMOR.
Ha sido un cuento de Navidad que tiene un final feliz como todos los cuentos de Navidad y sobre todo, es el primero que escribe su autora, por eso tiene una mayor importancia porque nunca se olvida. Así que sigue escribiendo para seguir recordando el primero y no el único.
Pingback: Sin memoria | Blog de Ebude
Gracias por publicar mi pequeñito relato, no se si estará a la altura por eso aun te lo agradesco mas si cabe.
Me gusta el blog y creo que la idea de crear un espacio como este es genial
Especialmente me parece muy sensible el corto de Mari Angeles Gallego. (UN PASEO DESGRACIADAMENTE INOLVIDABLE).
Muy buen cuento, salvando pequeñísimas faltas de acentuación y puntuación, el de Mercy Flores, Sin Memoria. Bien ideado, elaborado, desarrollado y guiado para mantener al espectador sin aliento hasta el final. Tendrás que seguir en la brecha, Mercy Flores. Ten en cuenta que es tu segundo relatito publicado y esta vez has subido de categoría, es un blog de mayor audiencia porque además es una editorial, una tienda on line y hay óptimas ofertas para gente como nosotros, principiantes de poca monta.
Un abrazo.
Gracias ebude, por no cerrar esta sección nunca. Creo que debe ser la más leída de todas. Espero que la gente valore no solo su propio cuento y los de los conocidos sino también los de figuras tan notables como las que figuran más arriba de nosotros, mucho más arriba, Gusapira, Caliani, Miren, Blacky Mdn. Ángels Om, Lindastar, etc…
Abierto sigue, Ricardo, aunque quizás lo cierre para abrir otro más general en el que tengan cabida todos los microrrelatos de cualquier temática, ya que éste, condicionado por la tiza y el cuchillo, parece totalmente decantado hacia lo negro.
Pingback: Ella nos cuida, de Isabel Lebais | Blog de Ebude
Gracias por publicarlo , gracias de todo corazón , es muy importante para mi , ver publicado este cuento en concreto ( los demás también ) pero este tiene una carga emocional especial y verlo publicado de verdad , me ha emocionado y mucho . GRACIAS POR TODO , y espero seguir colaborando con vosotros ya que me encanta vuestro blog .
Gracias Ebude por seguir publicando nuestros relatos y me gusta muchísimo esa idea de subir relatos sin mantenimiento del cuchillo y la tiza, aunque como verás si se pretende publicar cualquier relato, de cualquier tipo, siempre son muy “obviables” el cuchillo y la tiza, por delante o por detrás.
De todas formas, cualquier cambio es bueno, para poder atraer nueva publicidad sobre una nueva sección y que acudan nuevos relatos a tu excelente página y a tu tienda que con las novedades introducidas se hace tan asequible de comprar.
En todo lo que podamos te apoyaremos y te seguiremos.
En cuanto al último relato, Ella nos cuida, fue escrito hace algunos meses para nuestra amiga querida Bego García que nos dejó como bien has supuesto.
No sé cómo lo has hecho pero la introducción de la música a la entrada de un relato lleno de magia y de hadas que se pueda escuchar mientras lo lees, es una maravilla. Y acompañarlo de fotos un gran acierto.
Pienso que así podrían ser los relatos digitales, al fin y al cabo, hay más libertad en este mundo que en el tangible de papel.
Del relato hace mucho que comenté que me gustó extraordinariamente por la temática y porque es tan suave la manera de tratar el ambiente que te enamoras de la linda lucecita que les ilumina.
Gracias, Isabel Lebais por deleitarnos con tu mágico relato y gracias, Ebude, por estar siempre con nosotros, los no nóveles y los nóveles que aunque somos pocos metemos mucha bulla y publicitamos mucho, jejejeje..
Gracias Isabel por este relato es bello, enternecedor y me gusta mucho tu forma de escribir,
De nada Isabelle. Sigue escribiendo y cuenta con un hueco en este blog.
Gracias Ricardo, por tu seguimiento tan activo de EBUDE y su blog.
Pingback: AmorNauta, de Pequeña Dama | Blog de Ebude
Un grupo de fieles lectores y escritores que se llama LEO y ESCRIBO, en facebook, hemos ido leyendo uno a uno todos los relatos desde que se formó. Para mí, otra vez. Para ellos, la primera. Solo me gustaría que os pasarais por allí para que vierais las críticas buenas y malas de vuestros relatos. Todos han y van siendo comentados.
Ahora que releo de nuevo vuestros relatos, veo que pasé por alto muchos que siendo buenos no les supe sacar todo el gusto. Eso me ha ocurrido con el relato de José Vicente García del blog yatedigo.blogstop.
Una vez leído queda uno absolutamente aterrorizado. Muy bien narrado. Gracias por compartir y que sepáis que “os vigilamos…. muy de cerca”